Doce tornillos.
Me tienen en pie.
Como un legionario.
De frente.
Firme.
Entraron con escoplo.
La espalda quedó en añicos.
No podré bailar.
No podré correr.
No podré saltar.
Pero podré andar.
Quizá lo suficiente
para huir
de lo que viene.
La vida,
de momento,
no ha podido
tumbarme.
Doce tornillos.